martes 23 de junio de 2009
Fin de curso
¿Despedida? Ya veremos
Empecé La cosa que da como un reto, ante mi incapacidad para mantener un blog. El que abrí antes de éste registró sólo dos entradas de un par de líneas en más de un año. Mi amiga Wilma quedó encantada al descubrirlo y comentó, muerta de risa, que, conociéndome, era el único blog posible que yo podía tener.
Una entrada de blog es como un mensaje largo que uno escribe, pero que no quiere enviar a nadie para no importunarlo. El que quiera saber de mí, aquí estoy. Puede ser útil para darme a conocer, por ejemplo, a los familiares que he reencontrado en Nájera y en Buenos Aires, sin tener que dar demasiados detalles de mi vida para que sepan cómo soy (basta con que entren a mi blog y lean las paridas que escribo.
Sí, ya sé que un blog puede ser tantas cosas como uno quiera. Pero todas con una buena carga de narcisismo y de vanidad, que vienen a ser la misma cosa. Por eso, ni una palabra de mis autores preferidos, mis comidas preferidas, mis aficiones preferidas (tengo tantas que podría destacar media docena), ni siquiera de mis banalidades preferidas. Nada de mostrar mis medianas habilidades haciendo máscaras, dibujillos y sudokus. Tampoco he usado el blog para una de las cosas que más me gustan: quejarme. Realmente las cosas que me gustan están en el blogroll o lista de blogs que sigo. Las entradas las he dejado sencillamente para ir en contra. Nihilismo, decrecimiento, basura mediática, Krishnamurti y la melancolía de la música klezmer. Todo está perdido. ¿Para qué escribir?
Estoy escribiendo esto con la única intención de tapar la entrada de Krishnamurti. Con esta entrada, clavada más de tres meses en la frente del blog parezco un adepto. Al menos para los que no conocen a K. y lo toman por otro gurú más.
Pensándolo bien, no se sabe que K. tuviera ningún amorío, ni femenino ni masculino, tampoco que le gustara beber, ni siquiera una cerveza bien fría de vez en cuando. Si todos los que lo escuchaban o leían, le hubieran hecho caso y hubieran terminado con todo --¡ya!-- con el tiempo, con la memoria, con el Yo, se habrían convertido en otros tantos krishnamurtis y se habrían ido a contemplar el maravilloso universo. A mi me parece imposible ser técnico de la Renfe y al mismo tiempo krishnamurti.
Quizá por eso dejó dicho que no quería una nueva religión. Porque sabía que con un Cristo, un Budha, un Jiddu Krishanamurti, dándonos la tabarra, ya estaba bien. K. se limita a demostrar que el pensamiento es un una trampa, un engaño. El pensamiento está entre nosotros y la Verdad (la Libertad, la Liberación, más allá de la muerte). Pero es precisamente este engaño, el deseo, la fe en un futuro, el creer que somos alguien, lo que constituye nuestra vida. García Calvo suele decir en sus conferencias cosas parecidas, pero al menos Agustín lleva unas patillas desaforadas. Y además es un experto en gramática, y en métrica griega, y un gran poeta. Y está casado con Isabel Escudero. Uno puede dejarse convencer por AGV, pues lo peor que te puede ocurrir es que te dé por hacer Filología Clásica o por vestir de forma extravagante.
Krishnamurti está mejor guardado en nuestra conciencia que exhibiéndose en un blog pobretón.
sábado 7 de marzo de 2009
Krishnamurti en Internet
Hace muchos años, rebuscando entre los anaqueles de una conocida librería de Murcia, reparé en una especie de catecismo oriental titulado A los pies del maestro y escrito por un tal J. Krishnamurti. Me pareció, después de hojearlo, una especie de "Camino" en versión hindú, así que lo dejé donde estaba con cierta aprensión; siempre he desconfiado de todo lo que huele a gurú.
Algún tiempo después leí no sé donde que un tal Krishnamurti había dejado plantada a no recuerdo qué Sociedad Teosófica, presidida por la espiritualista (para mí maga y oscurantista) Helena P. Blavasky que lo había descubierto como un nuevo avatar y que se había encargado de su educación para que convertirlo en el nuevo Lider Espiritual de la Humanidad, o algo así. Al parecer, el muchacho, Jiddu, escribió aquella obrilla religiosa para contentarlos y luego los mandó a tomar viento, diciendo que la religión era una engañifa. Así era como interpretaba yo y resumía burdamente toda la historia que me había llegado de oídas. El caso es que me fui derecho a la conocida librería de Murcia y me hice con los dos primeros títulos de Jiddu Krishnamurti que Edhasa había empezado a publicar. Así descubrí a Krishnamurti.
Desde el primer momento me fascinó su método, parecido al socrático, con el que iba desmontándote todo el universo mental hasta dejartete, sin defensas frente a ti mismo. Sus disertaciones y conferencias, a veces con intervención del público, eran verdaderas sesiones de Iluminación inducida, aunque a mí nunca se me llegó a encender la bombilla. Todas las lecturas eran intentos desesperados de llegar a ese punto de atención completa, que K. proponía, para alcanzar a ver las cosas como realmente son. Buscaba, quería llegar a !la Comprensión Total¡

Sin embargo, cada nuevo libro suponía un nuevo fracaso y la vuelta al principio. A pesar de todo no me desalentaba y, en cuanto aparecía un nuevo título, volvía a la carga.
Tardé bastante tiempo en darme cuenta de que aquella férrea determinación mía por comprender las palabras del maestro estaba diametralmente en contra de con lo que decían esas mismas palabras.
Así que siguiendo la enseñanza de Khrishnamurti dejé de seguir la enseñanza de Krishnamurti.
Encontré, entonces, Krishnamurti: Los años de Plenitud, la segunda parte su biografía, escrita por su amiga y colaboradora Mary Lutyens. Fue mi metadona particular para desengancharme de una relación intensa que había terminado en un rotundo fracaso. Además me proporcionó la justificación perfecta a mi absoluta incapacidad de llegar al fondo de su mensaje; K era un ser excepcional, distinto, desde su infancia, al resto de los mortales entre los que me hallo. Descubrió el truco del trampantojo de la vida a la primera, mientras que nosotros, cuanto más miramos, menos vemos. Abandoné. Ni siquiera me preocupé de buscar la primera parte de la biografía de M. Lutyens.

Ha pasado mucho tiempo desde que terminé de leer K, Los años de plenitud y lo guardé cuidadosamente entre los demás libros de mi biblioteca, sección: grandes biografías. Ahora me encuentro en La melancolía de un ladrillo una entrada dedicada a Krishnamurti. Descubro además que en la Red están prácticamente todas las grabaciones que se hicieron de sus conferencias y conversaciones con destacadas personalidades de la ciencia y la psicología. Suena de otra manera, menos místico, menos misterioso que antes, pero mucho más profundo y natural.
Como ya habréis visto los vídeos que hay colgados en La melancolía, os dejo aquí el primer capítulo de su biografía y los enlaces de los restantes (9 en total)
Biografía 2
Biografía 3
Biografía 4
Biografía 5
Biografía 6
Biografía 7
Biografía 8
Biografía 9
miércoles 25 de febrero de 2009
Demasiado ruido
En un tiempo en el que todo el mundo opina sobre todo, yo prefiero callar. No es que no tenga nada que decir, ni que mi actitud sea de abulia o de resignación. No, nada de eso. Al contrario; creo que lo único que nos queda, como dice el poeta, es la palabra. Todo nuestro universo se basa, al fin y al cabo, en la palabra, en el lenguaje. Lo que significa que el lenguaje tiene, por una parte, un poder tremendo (el cuarto poder, la sociedad de la información) y, por otra, puede ser nada, estar vacío (parole, parole, parole... bla, bla, bla), es mero significante sin significado. Hace unos días he oído decir, citando a Ignacio Ramonet, que cuando lleguemos a la información total, será cuando estemos completamente desinformados. Y es cierto. El exceso de información produce embotamiento y parálisis. El exceso, por definición, es malo. Pero todo esto ya está dicho en infinidad de libros de lingüística, de psicoanálisis, de filosofía, y otras disciplinas.
Vivimos en un mundo globalizado y a la vez fragmentado hasta límites insoportables. Es la misma paradoja en todo; cuanto más, menos. Nunca hasta ahora nos hemos encontrado tan terriblemente sólos, tan espantosamente encerrados en nuestro propio individualismo. Es decir, siempre ha sido así, pero ahora lo hemos dejado al descubierto y vivimos las consecuencias. Nada tiene sentido. Fuera de nosotros no hay un sólo punto donde apoyarnos. No hay evidencia, no hay Realidad. Dentro de nosotros, un inmenso vacío en el que se amontonan deseos, pulsiones, sentimientos, ideas, temores, sin orden, sin conexión, sin control.
Cuanta más libertad, menos libres; cuanta más riqueza, más pobres. cuanta más información, más ignorantes. Seguir vosotros con la letanía.
Prefiero ocupar el sitio de observador imparcial de este caos que creo presenciar, el de mero receptor del griterio que creo escuchar. Según hacia donde dirija mis antenas de insecto, me siento con ánimo suficiente para creer en los movimientos sociales que denuncian sin parar la estafa universal a la que estmos sometidos, para creer que "otro mundo es posible", o me inclino por la retirada nihilista, la ocupación epícurea de cultivar el jardín o simplemente la ataraxia.
Hablando de jardines, uno en el que me gusta meterme el jardín virtual La melancolía de un ladrillo. Se trata de un jardín inglés, muy recargado, con muchos rincones para perderse y muchas flores raras. Y debe de tener alguna que otra propiedad narcótica, porque me hace pasar del pasmo al entusiasmo, del entusiasmo a la desesperanza, de la desesperanza al mosqueo, con un sólo clic. Y entre clic y clic se me va la tarde.
Y como ilustración todo lo que he dicho en lugar de quedarme en silencio, os dejo este video
lunes 26 de enero de 2009
domingo 25 de enero de 2009
Tratando de comprender
Todavía en la cama, termino la lectura de los periódicos de ayer.
Una foto: el padre la madre, embarazada, ambos en paro, y dos críos pequeños. Los quieren echar de casa ¿Como se les habrá ocurrido tener otro hijo? ¿Lo habrán decidido libremente?
En la radio, una comentarista dice que, después de las imágenes de la masacre de Ghaza, ver a los niños palestinos ir al colegio con sus mochilas de colores (rosas y amarillas, dice) es edificante. Salto de la cama sin proferir ninguna obscenidad.
Desayuno. Café con leche y una mona (bollo en Murcia) . Dos periódicos todavía calientes, como la mona, y un concierto para clarinete de Mozart. Sigue el espectáculo mediático y el torbellino de ideas.
Carmen Magallón cita a la feminista sudafricana Olive Schreiner (¡ni idea! ¿negra?) “... una mujer sabe lo que cuesta una vida y que es más fácil destruirla que crearla.
Verdad. Imagino a Zipi Livni embarazada, luego, pariendo y amamantando a un precioso bebé (el suyo). Mira a su criatura, embobada, mientras lo acuna en su regazo. ¿Pensará cuánto cuesta una vida y lo fácil que es destruirla? ¿Habrá dos mujeres en Zipi Livni, dos vidas?
En la calle, una banda pasa tocando una marcha americana a todo trapo. Se jodió el concierto mozartiano. Se acerca San Blas y el barrio lo celebra año tras año con bandas, procesiones y puestos donde venden trocitos de turrón y otras chucherías tradicionales y cutres. No faltan los carruseles, no menos cutres. Serán diez días de bocinazos y música (¿música?) repleta de decibelios, repetida mil veces a lo largo de diez insoportables tardes (no cuento las mañanas de sábados y domingos). La gente acudirá a repetir el ritual absurdo, como pájaros o insectos, aunque, al contrario que estos, no tendrá ningún sentido. ¿Qué pensará la gente del sentido de La Candelaria? Y de Obama ¿qué pensarán? ¿Y de Ghaza? ¿Y del calentamiento global o el desarrollo sostenible? Casi mejor que no piensen nada.
Mozart sigue; ahora con un quinteto también para clarinete. Yo, también, sigo sin entender que relación existe entre el amor a la vida y las bombas de fósforo blanco? Supongo que la “Madre con hijo” es una metáfora, un símbolo del amor, de la bondad y ternura humanas, y que “El Bombardeo” lo es de todo el mal del que somos capaces los hombres (esta vez, sin femenino). “Madre con hijo ordenando un bombardeo” (de otros hijos).
¿Es posible separar a la madre, de la ministra? ¿Mandaría Carme Chacón a su hijo a Afganistán? ¿Querrá decir Olivia Schreiner que creamos la vida con nuestra parte femenina y la destruimos con nuestra parte masculina?
Como dice la jota manchega,
Si mi agüela tuviera un par de güevos
Ya no sería mi agüela
que seria ¡ay! mi agüelo
Yo creo que la mayor parte de la gente que habla, habla por hablar y que los que escriben, escriben por ganar algo, pero que, en general, ninguno tiene idea de lo que dice.
Por fin, el desconcierto ante la incoherencia. ¿Héroe o villano?
¿Será la respuesta a mis preguntas?
Siempre he pensado que ante un acto absoluto de injusticia, como es un apuñalamiento, no podemos predecir nuestra reacción. La típica preguntita ¿qué harías si te encontraras en la calle a un fulano, clase A, machacándole el cráneo con un ladrillo a un mengano clase B? ¿Defenderlo? ¿Salir corriendo? (Sustituir clase A por "alemán" y clase B por "turco" y tendréis la pregunta que me hicieron a mí, hace mucho tiempo, unos alemanes)
Yo, personalmente no sé como reaccionaría. Pero sé que la respuesta nada tiene que ver con lo que somos, sino con algo mucho más profundo e incontrolable. No creo que la agresión machista sea algo profundo e incrontolable. Aunque sí lo es en otro sentido.
Cansado de los anuncios a doble página y de las noticias con doble intención me traslado a un medio cada vez confortable y cordial para mí: el blog, los blogs. El clarinete sigue sonando, pero desde aquí apenas se oye.
Uno que me tiene muy intrigado es La melancolía del ladrillo. Lo tengo puesto en nómina. Os recomiendo los últimos mensajes (como Javier de la Riviera llama a las entradas).
En éste, sobre la SGAE, hay un llamamiento a la acción, que pienso secundar. Seré muy descreído, pero en estas historias pico siempre (si digo:"pincho siempre" la ambigüedad persiste).
Las entradas de este blog son como esos dardos que disparan los biólogos a los grandes mamíferos desde un helicóptero. Me dejan completamente paralizado (en mi caso, psíquicamente). Me quedo sin juicio. Ésta es un ejemplo. Además, como no tienen apenas comentarios, no encuentro ni siquiera una señale para orientarme. Todo lo que se dice lleva la acreditación correspondiente, las pruebas, los certificados de veracidad, etc. Pero es tan definitivo, que si te lo crees, es peor; queda en evidencia ese otro dardo que llevamos todos clavado permanentemente: el que nos deja sin tendones, el que nos impide reaccionar ante cualquier acontecimiento que ocurra en nuestro mundo globalizado, ya se llame hambre, guerra, agresión medioambiental, etc.
Hace ya rato que terminó Mozart su quinteto y la casa se ha vuelto más fría, más melancólica.
Voy a ver qué pongo ahora.
jueves 4 de diciembre de 2008
Productos españoles
Voy a mirar, pues, en un sitio que conozco a ver lo que es español y lo que no.
(... unos días later.)
¡Vaya! ¡Qué sorpresa! Resulta que ni los patés Apis, ni la mayonesa Calvé, ni los encurtidos La Española (¡con ese nombre!), ni el aceite La Masía, ni el agua de Lanjarón, ni el pan Bimbo, ni los aperitivos Matutano son españoles ¡Tampoco, La Casera! Ni la manzanilla Sueños de Oro, ni la leche Puleva, ni el queso El Caserío. Las madalenas Ortiz, los dulces Martínez, las galletas Fontaneda y los cafés Saimaza y Marcilla son, como casi todo lo anterior, estadounidenses.
Desde que me enteré, por un un intento de cerrar la fábrica, de que las maquinillas de afeitar Gillette eran yankees, sólo uso las Wilkinson. Acabo de descubrir (y no puedo creerlo) que esta marca y además la Schick pertenecen a holding USA llamado Energizer Holdings, Inc.
No salgo de mi asombro. Va a ser prácticamente imposible comprar productos españoles; ni siquiera europeos. No sólo la inmensa mayoría de refrescos son norteamericanos; también lo son el té Hornimans, los chicles y caramelos Orbit, Freedent y Sugus; el Yoplait, las galletas Oreo o Ritz, las patatas fritas Lays (¡que horror!), toda la salchichería alemana Oskar Mayer, las conservas Gigante Verde, el queso Philadelfia, los chocolates Milka, Toblerone, Suchard y Carte D' Or. Si miro los productos de cuidado corporal y belleza o de limpieza del hogar, etc. son casi todos yankees. Las marcas Volvo y Saab ya no son nórdicas, ni la Opel, alemana. Casi todo está en manos de cuatro multinacionales o corporaciones estadounidenses , como, por ejemplo General Motors Corp., Sara Lee Corp. , Procter & Gamble Co, General Mills Inc., Altria ex-Philips Morris, Kraft Foods Inc., Pepsico Inc., Nabisco Holdings Corp., Mars Inc., entre otras, que, a su vez, posen grandes marcas internacionales.
¿Intentará, acaso, el señor Sebastián decirnos que nos abstengamos todo lo posible de comprar productos, USA, Japan, etc. y nos limitemos a las marcas nacionales o, en todo caso, europeas?
¿Y que pasará si con nuestro boicot arruinamos a estas empresas y cierran las fábricas que tienen en España? Un montón de gente se quedará sin curro. No puede ser. Seguramente lo que el ministro ha querido decir es que debemos comprar productos "fabricados" en España.
Se acabaron entonces los "Todo a 100", los made in China, o sea, todo. ¡Ah! Y se acabó comprar en las tiendas tan españolas de Bershka, Massimo Dutti, Oysho, Pull & Bear, Stradivarius o Zara? Es cierto que pertenecen todas al españolísimo Amancio Ortega, dueño de Inditex. pero parece ser que este señor tiene buena parte de sus fábricas en países donde se trabaja un montón de horas al día por un sueldo, no ínfimo, sino infame.
¡Vaya por dios! Nos han estado toda la vida alabando las excelencias de la libre competencia, de la autoregulación del mercado, del abaratamiento de los productos, de la suerte que tienen los consumidores, etc. Y cuando, por fin, todo está más o menos al alcance de nuestro bolsillo, cuando nuestros PC están repletos de periféricos, nuestros armarios llenos de ropa y nuestro frigo lleno de comida exótica, nos vienen diciendo que si nos hemos cargado todo el tejido industrial de Valencia, desde los mármoles hasta el calzado, pasando por las alfombras, que si esto no puede ser, que habrá que hacer algo, y en ese plan. ¿En qué quedamos? ¿El mercado es sagra'o, o no lo es? ¿Compramos pruductos españoles o de España? ¿Los más baratos o los más caros?
Estoy pensando que estas Navidades no voy a comprar ni productos españoles ni no españoles, no voy a comprar y punto. Puede que ni siquiera vaya.
Y, si hundo el mercado, pues lo hundo.
¡Y los calzoncillos Abanderado también son americanos!
martes 18 de noviembre de 2008
El universo malogrado. Carta a Cioran
Según él, nuestra conversación es la misma desde hace cuarenta años. Y es verdad. Pero a mi cada encuentro me parece no sólo distinto, sino único.
En el último, José Ignacio Nájera apareció con su último libro recién editado Me había dicho en un mensaje que me iba a traer un regalo, pero yo no tenía ni la menor idea de que estuviera metido en trajines editoriales y no me podía imaginar que fuera eso. Realmente, una sorpresa.

El libro promete. No sólo por lo que anuncia la contraportada, sino porque ya he tenido el placer de leer otros libros suyos. Uno de ellos, Caminos de otoño, lo disfruté a conciencia hace dos veranos. No me explicaba cómo un texto en el que aparecía Heideger de continuo, podía hacerse tan ameno.
Después leí El enfermo epistemológico, cuyo título estuvo a punto de hacerme desistir de su lectura. Pero como ya tenía la experiencia del anterior, no hice caso. "Igual, hasta está bien", pensé. Lo leí de un tirón. Y seguí preguntándome en qué radicaba el gancho.
Yo no escribo bien. Ni un poquito. Y no estoy dispuesto a tragarme nada que me aburra, aunque sea de mi propio padre. Esto, como se puede imaginar, me ha costado algún enfado que otro. Lo digo por la sinceridad de mis opiniones literarias.

Este que tengo entre manos, El universo malogrado [Carta a Cioran] va de nihilistas; de un nihilista vivo que le escribe a otro nihilista muerto. Que cómo es posible Sí, sí, entre nihilistas esto es de lo más normal.
Ya os contaré.